El sábado pasado oÃa en la Cadena Ser una tertulia entre polÃticos, donde casi todos coincidÃan en lo perverso que es que el próximo Martes, Irlanda, tenga en sus manos el futuro de Europa.
Alegaban que habrÃa que cambiar el sistema, ya que no era posible que el futuro de 500 millones de europeos estuvieran en manos de cinco. Lo malo es que el cambio que propugnaban era para que ni esos cinco ni los 500 millones votaran el tratado, sino que fuera ratificado por los parlamentos o directamente por los gobiernos, dejando a la ciudadanÃa al margen de estas decisiones.
Hoy se van a producir dos votaciones en Europa que van a marcar el futuro de las próximas generaciones. La primera de ellas entierra los derechos humanos de los que Europa siempre habÃa hecho gala en su defensa: la instauración de pequeños guantánamos que mantendrán en un limbo jurÃdico a millones de personas antes de su patada en el culo. Mantener a una persona encarcelada durante 18 meses por algo que no es delito simple y llanamente es la antesala del fascismo: nuestra particular noche de los cristales rotos, salvando las distancias.
La segunda votación se carga de un plumazo 132 años de lucha obrera. En mayo de 1886 unos trabajadores de Chicago fueron asesinado por la policÃa de Chicago, su reivindicación: las 8 horas diarias de jornada laboral. El Consejo de Ministros de la UE aprobará hoy que las jornadas de trabajo semanales puedan llegar a las 65 horas.
Nuestro ejecutivo, que a priori se opone, ya aclara que no la va a aplicar, pero no explica que esta votación trae dos consecuencias claras: la introducción de la competencia entre paÃses teniendo en cuenta la duración de las jornadas de trabajo, que producirá con efecto inmediato una profunda deslocalización de empresas hacia aquellos paÃses que tengan jornadas de trabajo más largas y otra más grave como efecto de la aplicación “de facto” de la directiva Bolkenstein. A pesar de no ser aprobada tal y como se pretendÃa inicialmente por la Comisión Europea, tres sentencias de la Corte Europea de Justicia en contra de los sindicatos, avalan el ir caminando hacia lo propugnado por dicha directiva.
Y mientras, los polÃticos, siguen amparando que estas decisiones estén al margen de la ciudadanÃa: ojalá Irlanda, el único paÃs que somete el texto a referéndum, vote NO al Tratado de Lisboa.
Hoy es un dÃa vergonzoso para Europa y un dÃa muy triste para la lucha obrera.
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Junio 9, 2008
Cuando (casi) nadie vota en las elecciones para el Parlamento Europeo siempre tenemos a los polÃticos lamentando la distancia entre el proyecto Europeo y los ciudadanos. Luego cuando viene la oportunidad de dejarnos participar un poco, ya no quieren hacerlo sin tener garantÃas sobre nuestro voto.
Junio 9, 2008
Bienvenido, Graeme. Totalmente de acuerdo. Pero lo dicen a posteriori, cuando se han dedicado a cargarse la participación y a desmotivar al personal
Junio 9, 2008
¿Cuándo empezamos a manifestarnos?
Junio 9, 2008
Lo de los pilares sobre los que se va constuyendo Europa es una verguenza. Es una pena, pero cuanto más grandes son los ámbitos de decisión, más nos la meten doblada. Tranquilos, no haremos nada. La gente solo saldrá a la calle si España pasa de cuartos.
Junio 9, 2008
Parece que delegamos demasiado en nuestros representantes, tanto politicos como sindicales. Si los sindicatos fueran realmente de clase, defensores de la clase obrera, los burócratas que tenemos en la UE no se permitirÃan esas libertades, se lo pensarÃan un poco más. Pero nos aprietan las clavijas porque saben que pueden hacerlo. Sólo nos tienen en cuenta cada cuatro años, el resto del tiempo para ellos somos una molestia. Y lo triste es que les molestamos muy poco.
Puede parecer un poco exagerado pero es como yo lo percibo.