Angustia

30 Nov 2009

Desde hace un tiempo, muchos de los post que han sido publicados en esta bitácora nacen, crecen (y muchos mueren), a unas horas intempestivas.

Seguro que, como a otros muchos, las ideas te vienen a esas horas en las que la mente está más por descansar que otra cosa. En el último repaso de la prensa o las portadas de un nuevo día. Yo aprovechaba el despertar madrugador de mi mujer, para darle forma, corregir mentalmente, escribir y reescribir un artículo que muchas veces no llegaba a ver ni la luz del día. Así, entre vuelta y vuelta, en esos veinte minutos, le daba forma a lo que más tarde escribiría si tenía ocasión.

Últimamente hay algo que disturba ese momento. Y es que desde hace unos meses, casi desde el inicio del colegio, mi hija aprovecha el despertar de la madre para buscar refugio conmigo y allí,oyendo su respiración cuando duerme, la verdad es que el resto del mundo se para. No existe. Y todos esos post que nunca escribí, siguen hay golpeando la puerta esperando que yo les de forma.

Hace unos días un padre angustiado tuvo la ocurrencia, que cosas tienen los padres, de llevar a su hija a urgencias. Tenía problemas respiratorios. Un forense examinó a la niña y denunció abusos sexuales. Fue detenido bajo la acusación de malos tratos. Al poco la niña falleció y la acusación se convirtió en asesinato.

Fue juzgado y condenado públicamente sin necesidad de antetitular con un mísero presunto. Si además se podía mostrar la cara desencajada, quien iba a dudar de que era maltratador, abusador, violador y asesino de su hija de tres años.

El sábado, una autopsia reveló que era inocente. Que un accidente en un columpio mal diagnosticado fue lo que produjo la muerte de su hija y que un segundo diagnóstico confundió una alergia con quemaduras.

Diego no estuvo con su hija Aitana a la hora de la muerte porque estaba en la cárcel. Ya había sido condenado por esa prensa morbosa que convierte a los corruptos en mártires. O en tertulianos, que es peor. Por esa prensa que, de haber sido Diego un niño, ya hubiera sacado toda la artillería mediática para cargarse la Ley del Menor o para que la familia hubiera sumado otra comisión petitoria de cadena perpetua y que hubiera sido instaurada con efectos retroactivos para este caso.

Hoy se ha vuelto a repetir la rutina de estos meses en mi casa. Y oyendo el latir del corazón de mi hija me he sentido angustiado porque no he podido dejar de pensar en que nos estamos convirtiendo en monstruos.

Sin el presunto.

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Esta entrada tiene 9 comentarios.

  1. Cierto, somos una sociedad mediática, pero el problema surge del hospital, del diagnóstico y tristemente de la realidad cruda en la que estas barbaridades suceden dia sí y otro tambien. Es terrible que te acusen de algo que no has cometido, entiendo la angustia que plantea. Difícil entender este mundo. Saludos.
    Último post en el blog de Desencanto: La carretera del amor…que desfachatez My ComLuv Profile

  2. Yo solo lei los titulares del caso. Me negaba a entrar en los detalles de un asunto que escapaba a mi entender.

    Tan avisado para otras cosas y otras noticias, ni se me ocurrió pensar que todo era mentira, y que el nombre que no leí ni la cara que me negué a ver, efectivamente, eran inocentes.

    Sólo por eso soy culpable.

  3. Presunción de inocencia es la clave

  4. don Paco,¿también para lo jóvenes avascos acusados de hacer montañismo?

    ¿también para el último extraditado por francia o el próximo detenido por la policía?

    lo digo porque ayer también tuvimos un “atentado”, a lo bartolín, eso si, pero atentado al fin y al cabo, y la prensa aprovechó paa relacionarlo con la reciente apuesta de batasuna por la no violencia y la política.

    Tiene usted màs razón que un no miembro del PSOE o del PP, presunción de inocencia es la clave. O dicho como gusta al público: estado de derecho.

  5. Es de esas noticias que nos meten en los informativos y en los periódicos creyendo que el puro morbo atraerá nuestra atención. Y estoy seguro que lo consiguen en gran porcentaje, pero no conmigo.
    La noticia posterior de que la víctima era inocente, tampoco la considero digna de mención. Tampoco me parece destacable el hecho de cómo se alimentan de carroña los medios de comunicación, por el sencillo hecho de que ahora se rasgan las vestiduras en arrepentimiento, pero no tienen intención alguna de no volver a hacerlo, no tienen propósito de enmienda.

    Lo que más me revuelve las tripas es lo que está pasando este hombre y que nadie tenga responsabilidad en ello. No es justo que nadie tenga esa responsabilidad.
    La tortura de saber que tu hija está grave es menor si no le añadimos el hecho de que no te dejan verla, siendo inocente. Y la tortura de saber que se cumple la peor pesadilla, que es que se muera, sin que pueda estar a su lado en ese momento, sin poder acompañarla en sus últimos momentos, es para un padre, para volverse loco. Y tengo claro qué haría yo en su caso, pero es mejor no decirlo.

    Nada comparado con la minucia de que te acusen de gudari no siéndolo. Esa injusticia al fin al cabo, aún censurable, es indemnizable y es justo que se indemnice; y quedará en tu vida como una anécdota. Pero a ver quién indemniza a este hombre.

  6. Javier, cuanta razon tienes!!
    Un relato que provoca angustia pero certero, tristemente certero. Pero prefiero ser optimista, de monstruos nada… porque no me sale de los cataplines… Ni a ti, ni a mi, ni a los muchos que lo vemos venir…
    Gracias

  7. Gracias, Amalio. Bienvenido. Y a ti también Ramón.

  8. Hola Javier,

    A menudo, ante pequeños accidentes familiares de niñ@s como el de una caída de una bicicleta -quién no se ha caído de niñ@ de una-, me he planteado que sucedería de, llegado el caso, ir al hospital con una de mis mellizas.

    Dependiendo de dónde estuvieran los morados, fracturas, etc se daría inicio al protocolo del hospital y empezarían las preguntas y las dudas.

    En paralelo, empezaría el juicio popular -como el tú excelentemente has contado- y, luego, sonaría la frase “si la gente comenta debe ser por que debe haber algo de cierto”…

    Es para reflexionar dónde queda y alcanza la credibilidad de un@s padres ante el protocolo hospitalario.

    Saludos,
    Agustí Brañas

  9. [...] noviembre me declaré angustiado, conté un cuento al revés y pedí que me dieran menos [...]

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